Firmantes de paz y jóvenes recuperan bosque seco en El Paso, Cesar
En Los Palmera, comunidades vecinas y firmantes del Acuerdo de Paz de 2016 trabajan juntos para restaurar tierras degradadas y proteger uno de los ecosistemas más amenazados del país. La iniciativa ya muestra cambios visibles en el territorio.
Foto: unmissions.org
En el predio Los Palmera, en El Paso, Cesar, un grupo de firmantes del Acuerdo de Paz de 2016, comunidades vecinas y varios jóvenes adelanta un proceso para recuperar el bosque seco tropical, uno de los ecosistemas más amenazados de Colombia. El lugar, ubicado entre la Serranía del Perijá y la Sierra Nevada de Santa Marta, hace parte de una de las regiones más secas del Caribe colombiano, donde el paisaje refleja años de deterioro ambiental.
La iniciativa se desarrolla sobre un predio de 1.900 hectáreas, propiedad de la cooperativa de firmantes de paz COOPERPAZCE, y hace parte del Programa Corredor de Vida del Cesar, liderado por el Gobierno de Colombia y el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, con financiación del Fondo para la Vida y la Biodiversidad. En ese proceso, el Consorcio Alma-Natura, integrado por Fundación Natura y Fundación Alma, identificó a COOPERPAZCE como un aliado estratégico para impulsar acciones de recuperación ambiental ligadas a la reincorporación.
Entre las acciones adelantadas están el cerramiento de zonas contiguas al río Ariguaní para impedir el ingreso del ganado y permitir la recuperación natural de la vegetación, además de la siembra de árboles nativos y de especies como mango y cítricos. También comenzaron prácticas ganaderas más sostenibles, con árboles y zonas de descanso para reducir el desgaste del suelo provocado por años de sobrepastoreo. Marceliano Tamara Rivera, integrante de la cooperativa, dice que el propósito es recuperar el ecosistema y permitir que la fauna vuelva a proliferar.
El proceso también ha vinculado a jóvenes de comunidades vecinas que hoy trabajan como jornaleros en las actividades del proyecto. Una de ellas, Karla García, asegura que participar en las jornadas de reforestación le hizo sentir que estaba aportando algo positivo para el medio ambiente y para las comunidades. Con el paso de los meses, Marceliano cuenta que ya es más frecuente ver aves y otros animales en las zonas protegidas, mientras comunidades vecinas y juntas de acción comunal muestran interés en replicar iniciativas parecidas. Aunque la recuperación total puede tardar décadas, en El Paso ya empiezan a sentirse las primeras transformaciones.
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